La moda de lo verde

Greenwashing. El mes pasado hablábamos sobre el reciclaje, (El Reciclaje, el futuro en nuestras manos), abríamos con la esperanza de que la ola de comentarios al respecto, promovida por el Día Internacional del Reciclaje, viniera motivada por el interés real más que por la necesidad de cumplimentar contenidos…

En este artículo mantengo en cierta forma el espíritu crítico, en este artículo me gustaría hablar sobre el mal uso o uso interesado que se le está dando a la etiqueta “verde” en relación al concepto ecológico y sostenible.

“Lo verde” está de moda señores, vale no es de ahora, pero se aprecia sin discusión un incremento notable en la catalogación de productos que utilizan términos como ecológico o sostenible para definir sus características.  Dicho incremento viene dado por la aceptación, demanda y esperemos concienciación por parte del mercado sobre estos conceptos. Cada vez son más las personas que se sienten motivadas o influenciadas positivamente a la hora de adquirir uno u otro producto que se etiqueta como tal.

Las empresas, agencias de marketing, publicistas etc., lo han detectado y como no podía ser de otra manera aprovechan el viento de cola para avanzar con velocidad en su carrera por el estatus y dominio del mercado. Hasta aquí bien, lícito y comprensible, me atrevería a decir que hasta recomendable. El problema viene dado cuando el uso que se le está dando, por parte de no pocas firmas, a estas etiquetas es prácticamente fraudulento, sesgado, equívoco.

A este uso nada apropiado se le ha venido a llamar “Greenwashing”.

Origen de Greenwashing.

Parece ser que el primero en utilizar o acuñar «greenwashing» fue el activista medio ambiental Estadounidense Jay Westerverld. El término lo utilizó refiriéndose a campañas de reutilización de toallas en hoteles para economizar agua y proteger así el medio ambiente, de ahí lo de “Washing”, cuando lo que pretendían estas compañías hoteleras era minimizar costos en personal y lavandería.

Bien, pues desde productos de estética pasando por técnicas novedosas arquitectónicas y constructivas hasta cigarrillos. El «greenwashing» está inundando nuestros hogares, pantallas y demás soportes informativos.

Informaciones sesgadas, medias verdades, certificaciones que no avala ninguna entidad relevante, eficiencias energéticas que van de la mano del uso de componentes tóxicos, rebranding cambiando colores y formas. Un sinfín de trucos para hacernos creer que un producto es lo que en realidad no es. ¹

¿Cuándo y cómo podemos catalogar como sostenible o ecológico un servicio o producto realmente? Lamentablemente no hay un criterio cerrado dado que los ámbitos a abarcar son interminables. Alimentación, estética, automoción, cuidados, arquitectura y construcción son quizá los más evidentes. Pero si te paras a pensar verás que la lista se puede ir alargando y alargando. Aun así podemos determinar ciertas características, comprensibles y en buena medida tangibles, que nos facilitan un criterio a seguir a la hora de determinar si un producto o servicio es más o menos ecológico y sostenible. Algunas de ellas podrían ser las siguientes:

  • ¿Provienen de un origen justo? Es interesante conocer si el fabricante o productor se caracteriza por excesos ilegales en horas de trabajo.
  • ¿Son contaminantes o tóxicos sus componentes o componente principal?
  •  ¿Son productos fácilmente reciclables, se han podido obtener, crear o extraer sin que la huella de carbono remanente sea significativa? Hay productos como el plástico o el cemento que en su reciclaje o proceso creativo provoca altos promedios contaminantes o de muy baja eficiencia energética?
  • Proviene el material o producto de fuentes renovables? Por poner un ejemplo: El uso de la madera en procesos constructivos incide de forma muy tenue en la huella de carbono. Su reciclaje es muy eficiente y la plantación para obtener recursos genera oxígeno.

 

Las reseñadas son algunas de las características a tener en cuenta. No te dejes influir por logos verdosos o en forma de hoja, mira algo más allá.

Por lo que a mi ámbito profesional concierne se han establecido diferentes certificados para determinar si una construcción es más o menos respetuosa con el medio ambiente. Unos promueven más la eficiencia energética, como el conocido Passivhaus. Otros como el Breeam se centran algo más en el bienestar. Tenemos así mismo el Well, el Leed, Minergie, etc. Cada uno con sus características o requerimientos, unos dan prioridad al impacto medioambiental de los materiales utilizados, otros al aislamiento²… En definitiva a ciertas mejoras para nuestras viviendas que han de repercutir positivamente en nuestra salud y bienestar.

Mi humilde pretensión es que no debemos dejarnos llevar por primeras impresiones en cuanto a lo que modas nos quieren dar a creer. Principalmente si hablamos de nuestra salud o bienestar. La etiqueta ecológica, ya sea en un champú o en una vivienda, ha de estar soportada por aspectos que sumen para que no sea considerado un acto de burdo Greenwashing.

Gaudencio García. Director de Comunicación · Bass Houses

¹ Para los amantes de los datos y la documentación: La compañía Terra Choice publicó a finales de 2007 un estudio que tituló “Los 6 pecados del Lavado verde”. Lo podéis encontrar en internet con el mínimo esfuerzo.

² Nuestra compañía BASS Houses, está trabajando por estandarizar un sistema constructivo que aúna cuestiones de eficiencia energética, bienestar, reutilización de recursos, reciclabilidad, uso casi exclusivo de productos naturales entre otros; un estandard de muy alta calidad que esperamos ofrecer oficialmente muy pronto. BASS SYSTEM, un sistema constructivo con muchos años de investigación a sus espaldas que venimos utilizando con gran éxito y aprobación por parte de nuestros clientes.